La ley no protege a quienes la cumplen. Una mirada a la autoprotección en un mundo donde defenderse puede ser ilegal.
Hace ya casi dos años, Lee Morrison, el famoso veterano en Combatives —del que ya os he hablado numerosas veces— grabó un vídeo dando una charla a sus estudiantes en el campo.
El discurso precedía lo que iba a ser su primera clase de autoprotección, tras meses de inactividad, debido al histórico arresto domiciliario a nivel mundial de 2020.
La elección del lugar —un espectacular bosque frondoso— era sin duda la más apropiada después de tanto tiempo sin estar en contacto con la Naturaleza. Durante el taller, nuestro veterano soltó la siguiente frase:
—The very thing that makes you think you’re a good citizen, is the very thing that makes you vulnerable as a victim.
Retrocedo el vídeo y lo escucho una vez más: «Lo mismo que te hace pensar que eres un buen ciudadano, es lo mismo que hace de ti una víctima indefensa». Tiene sentido —pensé.
Pero como en un principio puede sonar extraño, vamos a ver el contexto: El señor Morrison, hablaba sobre la ilegalidad de llevar objetos de defensa en UK. País en el que básicamente, está prohibido defenderse, e incluso hasta un spray pimienta es ilegal.
El creador de Urban Combatives continuó así: —La razón es porque la ley no se aplica a los criminales, no se aplica a los terroristas, y no se aplica a ningún grupo o mafia al que le importa una mierda la ley.
Sus alumnos lo escuchaban sin decir una palabra. Puede que más de uno pensase: ¿pero qué me está contando? ¿tiene bases sólidas o es simple paranoia? Vamos a buscar el razonamiento tras semejante afirmación y compararlo con un lugar que conocemos mejor: España.
MACHETAZOS
Aquí en Madrid tenemos a bandas latinas armadas con machetes. Ahora, que la sangre llega al río, los medios se han dignado a tocar el tema —con la desfachatez de culpar a las ferreterías por no pedir el DNI—, pero la realidad es que esto no lleva dos días, ni son sólo latinos, ni es exclusivo de la capital.
Recuerdo que hace casi una década, el portero de una discoteca de Parla, me contó que un marroquí —al que habían echado de la disco por acosar a una chica— volvió una hora más tarde con una horda de paisanos armados con machetes.
El dueño, heróicamente logró hacerles retroceder lo suficiente como para poder cerrar la puerta y refugiarse junto a los presentes en el local. Mientras tanto, la pandilla seguía gritando y violentando la fachada del club nocturno.
Sin ir tan lejos, hace poco más de un año, mientras la policía acosaba a la hostelería —midiendo la distancia entre mesas o cualquier gilipollez—, los traficantes de droga se disputaban a machetazos los parques de la ciudad.
Todo esto, las autoridades evidentemente lo saben, pero el Estado, que es el que da las órdenes, tiene intereses de otro tipo. Entre ellos, la protección del ciudadano, no ocupa el primer lugar.
Volvamos entonces a la deducción de Lee Morrison: si la ley no se aplica igualmente para todos, y el gobierno e instituciones están vinculados a redes de corrupción, tráfico o crimen, ser un ciudadano obediente es entonces ser una víctima total del sistema.
¿LEGAL O JUSTO?
Eric Werner afirma, en su libro Légitimité de l’autodéfense (creo que no hace falta traducción), que las autoridades hace tiempo que dejaron de preocuparse por «proteger» para enfocarse más bien en «reparar» los daños causados.
Un ejemplo es el reemplazo, lento pero seguro de personal de seguridad por cámaras. Estas son útiles para buscar —y luego si eso, castigar— al culpable, pero no evitan el daño ni protegen a nadie, pues aunque se llame a la policía, es prácticamente imposible que llegue a tiempo.
Las cámaras de seguridad no protegen, ni evitan el daño.
En realidad, desde que se instalaron estos miles de dispositivos de videovigilancia, jamás se ha demostrado de forma significativa, ni a escala general, mejora alguna. Al contrario, la delincuencia ha aumentado.
Cabe preguntarse entonces ¿Cuál es mi lugar en todo esto? Yo, ciudadano de a pie que cumplo la ley ¿Tengo derecho a defenderme o debo esperar a que me protejan las autoridades?
Ten en cuenta que si el Estado es alérgico al principio de autodefensa —por eso, desarma a sus ciudadanos—, no podemos ignorar el riesgo que corremos al defendernos, pues lo más seguro, es que estemos cometiendo un acto «ilegal».
Ahora bien, ni todo lo que es legal es sinónimo de justo o bueno, ni todo lo que es ilegal es sinónimo de injusto o malo, a pesar de que nos hayan condicionado así durante toda nuestra existencia.
A GOD-GIVEN RIGHT
Nuevamente Lee Morrison —cada vez más espiritual—, se refiere al “God-given right” (algo así como “un derecho dado por Dios”) cuando habla de la legitimidad de usar armas contra un enemigo armado.
Llámalo Dios o Naturaleza, pero lo importante es concienciarte de que no estás aquí para dejarte arrebatar nada por nadie, y de que te dieron piernas para correr, ojos para prever y manos para coger lo que sea que pueda defenderte.
Tienes derecho a proteger tu vida, o la de los tuyos, equilibrando una situación desfavorable mediante cualquier medio.
Tienes derecho a proteger tu vida mediante cualquier medio.
Cualquier dilema moral que tengas en utilizar un arma para defenderte, es el resultado de un condicionamiento social muy bien planificado. Puedes intentar justificar el rol del Estado en esta coacción, pero ten en cuenta que existen —y no van a dejar de existir— personas, que no experimentan ningún tipo de problema existencial con ello.
Por supuesto, aquí hablamos desde la autoprotección y no la depredación. Y si estás en este blog, estoy seguro que te interesa ser un protector, no un maleante. O al menos, eso espero.
¿MANO VACÍA O LLENA?
Siempre he sido defensor de la mano vacía (pelear con tus propias manos) inclusive llegando a tildar de cobardes a los que buscaban ventaja mediante otro medios. Luego, con el tiempo te das cuenta de que esa forma de pensar viene de un ideal caballeresco y civilizado.
A todas estas, nuestros genes —a quienes les da igual nuestra opinión o moralidad— se moldearon quién sabe cuantos años luchando con palos y piedras… hasta el descubrimiento de armas más sofisticadas.
Por lo tanto, lo que llevamos de civilización no contrarresta ese código grabado en nuestra sangre. Y la realidad de todo esto es que no existe mano vacía sin armas, ni armas sin mano vacía.
No existe mano vacía sin armas, ni armas sin mano vacía
Por todo lo anterior, las armas pasarán a ser una parte importante del curriculum de la escuela. Si piensas que no es para ti, lo mejor es que no vengas. Ahora, si algo resuena en tu interior pero aún tiene dudas, veamos por qué deberíamos aprender a usar armas blancas:
- Para tomar conciencia de lo peligrosas que son
- Saber cómo se emplea un arma aumenta las probabilidades de defenderse de ella
- Porque más vale saber y no necesitar, que necesitar y no saber
Todas las armas utilizadas serán versiones «sin filo ni punta», diseñadas específicamente para entrenar en seguridad.
Paralelamente, a pesar que el entrenamiento se mantenga dentro del marco de la legítima defensa reconocida en el artículo 20.4.º del Código Penal —responder a una agresión ilegítima utilizando un medio razonable y sin provocación— nunca debemos olvidar la lógica y el derecho natural. Como dice Rory Miller:
«Las artes de mano vacía sólo deben existir para emergencias que no has visto venir. Si puedes predecir, prepararte y el uso de la fuerza es inevitable, es absurdo proceder sin un arma […] o cualquier elemento que te de ventaja»
Gracias por leer.
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